Oraciones

Oraciones de nuestra comunidad para acompañar tu devoción.

Oración al Padre Pío

Bienaventurado P. Pío, testigo de fe y de amor. Admiramos tu vida como fraile Capuchino, como sacerdote y como testigo fiel de Cristo. El dolor marcó tu vida y te llamamos "Un crucificado sin Cruz". El amor te llevó a preocuparte por los enfermos, a atraer a los pecadores, a vivir profundamente el misterio de la Eucaristía y del perdón. Fuiste un poderoso intercesor ante Dios en tu vida, y sigues ahora en el cielo haciendo bien e intercediendo por nosotros. Queremos contar con tu ayuda. Ruega por nosotros. Lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Prólogo — Entre la tierra y el cielo

Entre la tierra y el cielo es un estado de permanente tránsito hacia nuestra propia superación y crecimiento espiritual. Abajo, en la tierra, nosotros, seres completamente imperfectos. Arriba en el cielo, Dios, fuente inagotable de luz, perfección y elevación. Entre la tierra y el cielo es nuestro estado espiritual de superación, de crecimiento; ese estado al cual llegamos sólo si estamos en paz con nosotros mismos, sabiendo que nuestra existencia es finita en este mundo y por lo cual debemos siempre estar agradecidos, y "en gracia" con nuestro Dios creador, quien nos ha dado la posibilidad de que conozcamos y participemos de su obra creadora. Yo no elegí venir a este mundo; fue Dios quien eligió que yo existiera, y hacia Él mi instinto me lleva, hacia lo bueno, hacia lo supremo, porque soy parte de lo perfecto, pero soy imperfecto. Soy uno más en este paraíso terrenal en donde tengo la obligación de ser feliz. Porque la felicidad no es una opción, sino una decisión mía, aun a pesar de todas las adversidades que me toque enfrentar. El mundo es y seguirá siendo, aun si yo estoy o no. Aun si hubiese pertenecido a él o no. Soy una gota en el océano, pero el océano sin esa gota no sería tal. Me he puesto a pensar infinidad de veces de cuán afortunado soy al ser parte de todo esto, y trato de vivir agradecido por ello. Aun en las más pobres de las soledades cada uno de nosotros tiene una misión y un deber en este mundo. La misión es expandirnos, darnos en los demás, en nuestros hijos, en nuestras familias, en nuestras amistades, en nuestra sociedad. Y nuestra obligación es poder gozar y disfrutar cada instante, cada cosa que hagamos, cada palabra que decimos y cada mano que estrechamos. Sólo somos lo que damos, así como muchos se han entregado para que nosotros estemos hoy aquí, nosotros también debemos darnos por los que vendrán. Debemos iluminar a los demás y entregarnos. Hemos sido creados para ser felices y es nuestra obligación luchar por alcanzarla cada día. Que nadie en esta tierra, ni nada de lo que pase hoy, empañe o perturbe nuestra vida y le quite felicidad a nuestro existir. Yo sé que no es fácil, pero sé que se puede lograr. No te propongas grandes metas, ni monumentales proyectos; vive un día a la vez y proponte metas que sepas que puedas lograr, carreras a las que puedas llegar. Que cada día termine y te sientas feliz por lo hecho y por lo vivido. Trata de resolver los temas de hoy en el día de hoy. Si recargas demasiado tu agenda, puede que nunca la cumplas y cada día te sentirás un poco infeliz. Todo es importante, pero también lo es que dediques un rato del día para vos, para tu conocimiento, para tu espiritualidad, para tu serenidad, para que puedas despegar los pies de la tierra y te eleves hacia el cielo. Ese cielo que está dentro de ti y que tienes que descubrir. Jesús dijo: "El Reino de los Cielos está dentro de ustedes", y hacia él debes ir. No hace falta recorrer ciudades ni aislarse en las montañas; primero debemos internarnos dentro nuestro, re-descubrirnos y elevarnos. Sé responsable de ti mismo, cambia las cosas, aún hay tiempo, y cuando las cosas no cambian, entonces, cambia tú la visión sobre las cosas. Tus mejores logros no están en el azar, sino en el fruto de tu esfuerzo. Para elevar tu espíritu y emprender este viaje entre la tierra y el cielo, comparte el amor con los demás y entrégate, dalo todo iluminando con tus actos a los otros y aprenderás que aunque lo pierdas todo, habrás ganado mucho, entonces tu vida tendrá verdadero sentido. — Fernando Perfetti

¡Ven, Espíritu Divino! (Secuencia de Pentecostés)

HIMNO AL ESPÍRITU SANTO Ven, Espíritu Divino manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre; don, en tus dones espléndido; luz que penetra las almas; fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, descanso de nuestro esfuerzo, tregua en el duro trabajo, brisa en las horas de fuego, gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos. Entra hasta el fondo del alma, divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del hombre, si tú le faltas por dentro; mira el poder del pecado, cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, sana el corazón enfermo, lava las manchas, infunde calor de vida en el hielo, doma el espíritu indómito, guía al que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones, según la fe de tus siervos; por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito; salva al que busca salvarse y danos tu gozo eterno. Amén.

Acto de contrición

¡Señor mío, Jesucristo! Dios y Hombre verdadero, Creador, Padre y Redentor mío; por ser Vos quien sois, Bondad infinita, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa de todo corazón de haberos ofendido; también me pesa porque podéis castigarme con las penas del infierno. Ayudado de vuestra divina gracia propongo firmemente nunca más pecar, confesarme y cumplir la penitencia que me fuere impuesta. Amén.

Oración a San Miguel Arcángel

San Miguel arcángel, defiéndenos en la batalla, sé nuestro amparo contra la perversidad y asechanzas del demonio, reprímale Dios, pedimos suplicante, y tu oh príncipe de la milicia celestial, arroja al infierno con tu divino poder a satanás y a los demás espíritus malignos que vagan por el mundo para la perdición de las almas, Amén. Letenías de la santísima virgen Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. Padre celestial que eres Dios. Hijo, Redentor del mundo, que eres Dios. Espíritu Santo que eres Dios. Santísima Trinidad que eres un solo Dios.

La Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve. A Ti llamamos los desterrados hijos de Eva; a Ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas. Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce siempre Virgen María!

Rosario en el Morro

Rosario en el Morro

Comunidad devota a María, la Reina de la paz, reunida en El Morro, San Juan.

Ubicación

Castillo San Felipe del Morro, San Juan, Puerto Rico

Hecho con para nuestra comunidad de fe